¨La intuición de que había algo más me llevó a escuchar a mi corazón y a crecer desde el alma.¨

El cuerpo como primer lenguaje

El cuerpo antes que las palabras

Hola me llamo Susanna. De niña era curiosa y silenciosa, siempre en movimiento, como si el cuerpo supiera antes que las palabras. Correr fue mi manera de estar en el mundo, de ordenar el silencio, de escuchar al cuerpo mientras avanzaba.

Mucho antes de entenderlo, el cuerpo ya era un lugar de escucha. Un espacio donde algo se alineaba cuando había presencia y movimiento.

A los 14 años, una película abrió una puerta interior que ya no volvió a cerrarse: El milagro de Anne Sullivan. Ahí intuí, con claridad, que existen formas de comunicación que no dependen de la vista ni de la voz.

Mi camino se ha ido tejiendo entre la creación, la enseñanza y el acompañamiento a la infancia. Durante un tiempo, la costura creativa fue mi forma de expresión más cercana: crear con las manos, compartir en mercados artesanales, bordar lo invisible como quien medita y sana. Esa etapa hoy descansa un poco más apartada, aunque cuando vuelvo a encontrarla aparece esa espinita suave
que recuerda todo lo vivido.

Espacios distintos, un mismo pulso: la presencia, la escucha y el respeto por los ritmos.

Me he formado en visión intuitiva con Intuitu, y actualmente continúo ampliando mi práctica dentro del proceso de certificación.

Esta formación dio estructura y sostén a una manera de percibir que ya estaba presente en mí, permitiéndome acompañar desde un lugar más consciente, estable y atento.

La visión intuitiva forma parte de mi manera de estar y de acompañar.
Se desarrolla con atención, practica y respeto por los ritmos individuales.
Se reconoce y se permite.

Me acompaña una curiosidad constante por todo aquello que tiende puentes entre lo invisible y lo tangible: la física cuántica, el lenguaje de los signos y las formas sutiles de percepción. No como explicación cerrada, sino como campos de reflexión que amplían mi mirada.

La meditación forma parte de mi vida como un espacio de escucha al que regreso una y otra vez. Un lugar donde cuerpo, conciencia y emoción comienzan a dialogar, y desde donde nace mi forma de acompañar.

No desde el saber, sino desde la presencia.