Hola.

Si has llegado hasta aquí, probablemente seas un adulto curioso. Quizá tengas hijos, quizá acompañes a niños o quizá, como me pasó a mí, sientas que hace tiempo que no juegas de esta manera, sin presión y desde el cuerpo. Te presento juegos para niños de todas las edades, incluida la tuya.

Este texto no trae juegos ni propuestas concretas. Trae algo más sencillo y, a veces, más difícil: un permiso.

Aviso importante: esto no es un examen, no hay juicios, cero control.

Jugar no va de hacerlo bien ni de aprender algo nuevo. Va de probar, de equivocarse, de reírse y de pensar un poco menos. Va de dejar que el cuerpo vaya por delante y marque el ritmo.

Cuando los niños juegan no persiguen resultados. Se mueven, paran, se aburren, se ríen y vuelven a empezar sin darle demasiadas vueltas. El cuerpo responde antes que la cabeza y no necesita explicaciones.

  • A veces responde con risa.
  • Otras con movimiento.
  • Otras con silencio.

Todo eso también es información, créeme!

Una forma de estar

Jugar como niños no tiene tanto que ver con lo que se hace, sino con cómo se está. Con moverse sin objetivo, con mirar alrededor con curiosidad, con sentarse en el suelo o cambiar el ritmo habitual del día.

El contacto diario con los más peques me ha regalado algo que no esperaba.
Sentarme en el suelo con ellos, jugar a muñequitas, correr, construir torres de madera, hacer figuras con duplos, collares de perlitas, decorar cajitas, coser lo que se rompe o jugar al memory ha despertado en mí una parte niña que quizá todavía estaba esperando su momento.

En ese compartir sin prisa siento que también yo recupero tiempo, mirada y la riqueza de ver el mundo a través de los ojos de un niño.

Y en las sesiones pasa algo parecido

En las sesiones ocurre algo muy similar a lo que pasa en el juego.
A veces no hacemos nada especial. Puede ser sentarse en el suelo, moverse un poco, jugar con algún objeto o simplemente fluir y ver como se presenta.

No se busca llegar a ningún sitio ni que pase algo concreto. Se observa qué ocurre cuando no hay prisa, cuando no hay que hacerlo bien y cuando uno se permite parar.

Muchas veces, igual que en el juego, es en esos momentos sencillos donde aparece más claridad, una sensación, una emoción, una imagen, o simplemente un descanso profundo.

Y todo eso está bien.

La sonrisa

Con el tiempo me he dado cuenta de algo muy simple: cuando uno sonríe, suele tener más éxito en lo que está haciendo. No porque lo haga mejor, sino porque está más suelto, más cómodo e incluso menos tenso.

Eso lo veo mucho con los niños y también en las sesiones. Cuando el cuerpo se relaja y aparece una sonrisa espontánea, aunque sea pequeña, algo cambia. Las cosas fluyen un poco más.

No hace falta buscarla ni forzarla.
Igual que en el juego, cuanto menos se persigue, más fácil es que aparezca.

Un padre jugando del post de jugar como niños

Parar también es parte del juego

Si un día te cansas, paras, tan sencillo como darte cuenta. Lo mismo sucede si te aburres o no te apetece nada. La mejor opción, parar.
Escuchar ese límite también forma parte del juego y de la percepción.

Esta forma de jugar no busca desarrollar habilidades ni entrenar capacidades. Busca algo más sencillo: recuperar una actitud más ligera y más presente frente a la experiencia, y se apoya muchas veces en materiales sencillos, has leído ya el post?


Porque jugar solo tiene sentido cuando nace del querer y no desde la obligación.